Reunirse con José Manuel Bernárdez Gándara, en una tarde gris de domingo, es un auténtico lujo, porque sin necesidad de pasarnos horas interminables, en las enojosas salas de espera de los aeropuertos, nos transporta al corazón del Africa negra, a ese rincón al NO de Zambia, que es la misión St Andrews Parrish, en Kasempa. Ayudado por una buena colección de fotos, sus palabras nos comunican de un modo natural, sencillo y espontáneo, creíble, todo lo que el vive a diario.

encuentroNos habla de la lepra, de la situación terminal de quienes la han padecido y son esclavos de la enfermedad a través de sus llagas, del aislamiento en el que mal viven. Extremidades amputadas, ojos vacíos, miradas tristes, invaden nuestra existencia cómoda y tranquila, para removerla, igual que cuando se remueve el estanque, y toda la suciedad del fondo, sube a la superficie, así esta realidad dura, agresiva, se nos muestra con una urgencia que la distancia no amortigua.

Nos habla de los enfermos de SIDA, jóvenes envejecidos prematuramente, con la mirada huidiza, sin tener la posibilidad de comprender que viven una vida absolutamente injusta, sometidos a un castigo irracional, que no tiene ni la más leve posibilidad de justificación para nadie. .

Nos habla de la situación tan desnivelada económicamente de quienes no pueden beber más leche en su vida, que la que mamaron de los pechos de su madre, de quienes apenas pueden acceder a la supervivencia, cultivando con gran esfuerzo, el espacio mínimo para comer, donde las posibilidades de vivir, se limitan a ser las óptimas, donde cualquier contratiempo es una condena de muerte, se abre a nosotros, a través de las palabras del misionero, con una sencillez tan grande, que nos permite aceptar que así sea, sin desesperarnos.

Nos muestra innumerables ojos de niños abiertos de par, niños sonrientes, felices con su pelota de trapo, o su camión de alambre, jugando durante el pedacito de vida hecho jirones, que les ha tocado vivir.

Es necesario, urgente, desesperadamente urgente no perder más tiempo. Nos apremia atender las llamadas de socorro, nos estimula saber que tantas vidas dependen de un gesto en nuestro mundo, un gesto de amistad, de fraternidad, de convertir la vida, nuestra vida, en una acción de gracias continua, porque se nos permita iniciar un cambio fundamental: vislumbrar un futuro distinto para estas vidas al borde del abismo.

El encuentro con Jose Manuel Bernardez Gándara, certifica que esta causa que abrazamos en la Fundación, con todo nuestro entusiasmo, merece la pena, y nuestra vida se convierte verdaderamente en algo hermoso, tanto, que todo lo demás queda reducido a una circunstancia, diminuta como un grano de mostaza.